Maurice Durozier: “Los artistas chilenos tienen que seguir luchando”

El Sindicato de Actores ha iniciado una serie de entrevistas destinadas a conocer a diferentes artistas y personas ligadas al mundo de la cultura, poniendo énfasis en aquellos creadores ligados al teatro.

Creemos que estas conversaciones servirán para generar nuevos lazos gremiales que, entre otras cosas, nos ayudarán a descubrir lo que está sucediendo en el medio internacional, específicamente aquello que guarda relación con el funcionamiento de los sindicatos en otros países, sus leyes, y las diversas fuentes de financiamiento.

Junto a eso, sentimos la necesidad de un intercambio vinculante con otros sindicatos, con el objeto de generar convenios reales, y así potenciarnos mutuamente en esta aventura artística y ampliar las plataformas culturales.

El integrante del “Théâtre du Soleil” se encuentra en Santiago como protagonista de uno de los platos fuertes del Festival Internacional Santiago a Mil: “Los náufragos de la loca esperanza”, dirigida por Arianne Mnouchkine.

En una entrevista exclusiva para SIDARTE, el actor de la emblemática tropa conversó sobre su amistad con el fallecido actor y director Andrés Pérez Araya, de la situación que viven los actores en Francia y del convulsionado año 2011 en Chile.

Pablo Moreira
SANTI TEATRO & DANZA

La cita acordada era en la Estación Mapocho a las 14:15 hrs. En ese lugar, lleno de nuevos restaurantes y cafés, esperaba un señor de pelo largo canoso, con bigotes estilo Dalí y mirada penetrante. Se trata de Maurice Durozier, actor perteneciente a la compañía Théâtre du Soleil desde 1980, época en que fue compañero de “truppe” (tropa) como dice él, del actor chileno Andrés Pérez.
Durozier es el protagonista de “Los Náufragos de la Loca esperanza”, en cartelera en la Estación Mapocho. La pieza, que tiene una duración de 3 horas y 50 minutos, cuenta la historia de Jean LaPalette (Durozier) un revolucionado cineasta que pretende rodar una película muda sobre un naufragio en Cabo de Hornos, para lo que agrupa a los trabajadores de un restauran y los usa como actores. Para llevar a escena este montaje, la compañía liderada por Arianne Mnouchkine y creada en 1970 tuvo que traer a más de cien personas, entre técnicos, diseñadores y tramoyas al Centro Cultural Estación Mapocho.

-Maurice ¿cómo ha sido la experiencia de montar “Los Náufragos de la Loca Esperanza” en el Festival Santiago a Mil?
- Para nosotros es muy importante y emocionante estar acá, porque siempre ha habido relaciones muy particulares entre Chile y Francia, especialmente entre los artistas. Théâtre du Soleil siempre ha estado apoyando al mundo con diversas acciones. Y es evidente que en el tiempo de dictadura que vivió Chile hubo una unión con los artistas. Lo que hacemos con otros países, con Irak o Afganistán, es que cada vez que hay artistas en peligro, si podemos intervenir lo hacemos, porque el Théatre du Soleil no es cualquier tropa. Hacemos un teatro que quiere estar implicado en nuestro tiempo. Somos artistas, buscamos la belleza, pero nuestras preguntas son ¿Para qué hacer teatro hoy? ¿Qué es el teatro? Tenemos esa visión del mundo. Es emocionante tener esta relación con Chile, lo digo por haber conocido a este amigo, Andrés (Pérez), quien estuvo muchos años en el grupo, hizo varias creaciones con nosotros y era una actor poco común y regresó a Chile para hacer un nuevo Théâtre du Soleil a su manera, claro. Me imagino que lo hizo con bastantes principios y valores, los cuales lo confirmaron para ser un artista particular: con una lucidez y una visión del teatro parecida a lo que aprendió con nosotros. Nuestra experiencia le dio inspiración para hacer teatro en un país como Chile. Podemos imaginar qué dificultades habrá tenido pensando en la dictadura de Pinochet, no hay que olvidar.

-¿Cómo se gestó esa amistad con Andrés? ¿Cómo se desenvolvía él en el Théâtre du Soleil?
- No sólo con Andrés. La cuestión de la amistad en el teatro es muy importante, sobre todo en tropas, en grupos. Si no hay una amistad, un amor, un cariño y un deseo entre la gente, es imposible la vida en una tropa. Yo conocí a Andrés cuando llegó al grupo y desde el primer día fuimos amigos, eso está claro. Eso no se puede explicar, pero vivimos muchas cosas juntos en la creación. Fuera de la compañía éramos vecinos, en Perpignan y en París. Llegábamos juntos al metro y luego al teatro, cada día, dormíamos juntos en la tropa. Fueron momentos muy lindos para nuestra juventud, éramos jóvenes y París en esa época, contrariamente a lo que pasa hoy, era una ciudad muy abierta. Eran los años 80`, el primer gobierno de la izquierda. Fue un momento bastante efímero, pero feliz. Fue lo que se llamó “la edad de oro” de Francia. Pero las cosas han cambiado mucho. Las cosas se ponen a la inversa.

- ¿Cómo se ordena la compañía? ¿Cómo es el financiamiento?
- Dos cosas. Los principios de la compañía son: todos deben ganar lo mismo, desde el más joven al más viejo. Sean actores, directores, técnicos o parte de la administración. Esa unidad de salario es fundamental. A igual trabajo, igual salario. Trabajamos mucho, mucho. Por ejemplo, no contamos con horarios de trabajo durante una creación. Y es muy importante, porque somos artistas. El teatro es algo muy misterioso, tú no sabes cuando va a llegar la inspiración, entonces los horarios, los días que hacemos al mes, son doce horas de corrido e intensivo, ése es el secreto. Igual que el pintor que está por delante de la tela, no cuenta el tiempo. Un poeta no cuenta el tiempo de la creación. Todo el mundo está acá. Siempre hay cosas que hacer en el teatro: si tú no estás en los ensayos, estás ayudando a los técnicos, somos una tropa. Es nuestra manera de vivir el teatro. Eso es un tema, lo otro: Existe todavía en Francia, no sé por cuanto tiempo, esa noción de teatro público ¿De dónde viene eso? Eso viene de la historia. Durante la última guerra estaba el “consejo nacional de resistencia” en Francia. Esto lo componían personas de distintas tendencias políticas que se unieron para resistir contra los nazis y para hacer acciones concretas de resistencia, pero también en un momento soñaron en lo que podría ser Francia después de la barbarie. Uno de esos sueños era la educación libre y pública. También el arte, la música y el teatro. Esa noción fue muy importante durante los 40 y 50 últimos años. Tenemos esa particularidad de poder, sin mencionar que somos una compañía independiente, tener ayuda del estado. Podemos decir que lo que recibe el Théâtre du Soleil del estado, corresponde a un 40% de subvenciones. El 60% proviene de las entradas del público. Además, tenemos la suerte de tener un lugar, un espacio muy importante para el teatro. Trabajamos en “La Cartoucherie”, un galpón que antes fue utilizado para fabricar balas, pero donde ahora se fabrican sueños. Tenemos esa suerte y el público puede ir a ver este espectáculo, que ha estado agotado durante toda la temporada. Yo creo que esa es una condición necesaria para que los grupos y los jóvenes luchen. La cosa más importante es tener un espacio y que haya un apoyo del público. Pero también, como principio, las decisiones importantes son discutidas y votamos. Vivimos una utopía, porque este grupo existe desde hace 50 años, y funciona. No son sólo ideales, ya que funcionamos para tener el mismo objetivo: todos buscamos el teatro.

-En Chile la situación es completamente distinta. Si una compañía quiere montar una obra de teatro, debe postular cada a año a un fondo concursable (FONDART), que es proporcionado por el gobierno. El año pasado se hizo a través de internet, excluyendo aún más la participación de la mayoría ¿Qué le parece este tipo de formulas de financiamiento?
-Hay que hacerlo con las condiciones que tienes. El tema de la relación de los artistas con el poder siempre tiene contradicciones. ¿Qué ha hecho el Théâtre du Soleil? ¿Ha llegado a un espacio? No, ¡ha ocupado un espacio! Ha ocupado un espacio vacío, pero costó. En los 70`, la gente llegó al teatro y éste fue intocable. Cuando hay público, el poder se quiebra porque los poderes siempre son los mismos. El público es el poder, son los votos. Entonces, si hay acciones que no son populares, pueden tener la sanción en las próximas elecciones. Yo puedo hablar, pero no puedo dar soluciones. Vengo de una familia de teatro ambulante, en un carro. Mis abuelos, mis tíos, todos hacían teatro con caravanas: viajaban de pueblo en pueblo. Pero hubo un cambio, una evolución de la sociedad con la aparición de la televisión. De a poco esas tropas ancestrales de teatro ambulante han tenido que parar y, cuando tenía dos años, mi abuelo paró el viaje de toda su vida y tuvo que convertirse en otra cosa para poder comer. Esa es la situación del artista, porque en un momento tiene que tener público o ser visto, oído, y ése es un problema que no tiene sólo Chile, en todo el mundo es igual. Si hay personas que se lamentan sobre la situación de su país, debe pensar que es una situación universal de todos los artistas que hay en el mundo. Yo sé que hay esos problemas, pero los artistas chilenos tienen que seguir luchando para hacer su trabajo. He visto que acá hay una vitalidad para hacer cosas artísticas, quizás me equivoco, pero hay bastantes cosas. Eso quiere decir que hay públicos para verlas y el artista se tiene que apoyar en eso. Mantener las relaciones, continuar educando e ir cada vez más lejos en su arte. Conquistar esa fuerza, más que estar siempre en confrontación con el poder. Yo sé que lo que digo es un poco general, pero creo que es posible y siempre el artista tendrá un problema con el poder.

-Si el estado otorga financiamiento a los artistas en Francia, ¿cómo se presenta el sindicalismo?
-Es una situación muy compleja. Yo no puedo responder a eso porque no comprendo las contradicciones del sindicalismo en el teatro. Por ejemplo, el tema de los horarios, somos ilegales en relación a la ley, ilegales. Porque en Francia hay una ley que dice que no puedes trabajar más de 35 horas semanales. Pero nosotros trabajamos 70 y nos pagan igual. Entonces, desde el punto de vista sindical, estamos fuera de la ley. Si el sindicato es de otras profesiones, después de ocho horas no puedes seguir trabajando sin arriesgar accidentes. Eso es una contradicción real que sucede. Sin embargo, nosotros igual estamos muy implicados en la lucha de nuestro país. Hemos seguido las últimas protestas por el atraso en la edad para jubilar. Estuvimos día a día en la calle marchando con los sindicatos de los obreros, porque era una injusticia. No era una lucha para un confort de la sociedad, sino que era una simple cuestión de lucha para la justicia de las personas que han trabajado toda su vida y que después quieren recibir los años de trabajo y tener derecho a una vejez decente. El gobierno liberal que tenemos está formado por un clan: el de las personas más ricas de Francia, y han cambiado la ley para favorecer a los patrones.
Éramos los únicos artistas, los otros han desaparecido, porque el peligro para los sindicatos no es que se esté dando lecciones, sino que el corporativismo los absorbe. Interesarse en una historia y defender privilegios que están fuera de la realidad. Eso es cortar los derechos sindicales de todos los trabajadores del país y no hay respuestas, son cosas que están pasando. Normalmente participamos como grupo en muchas luchas. Si la lucha es importante, apoyamos. Un teatro tiene que ser un lugar abierto, un lugar que dé vida, pero no seguimos necesariamente las luchas de los sindicatos de la profesión porque esas luchas se pueden transformar en una lucha corporativa para mantener algunas condiciones privilegiadas, en relación a la situación de una corporación. Yo hablo de Francia, porque me imagino que en Chile hay otra historia. Si las luchas del sindicato son para que haya una función publica y calidad de la educación, eso sí.

-¿Estuvo al tanto de lo que sucedió en Chile en 2011?. Salieron a la luz problemáticas y deseos de cambio muy guardados en la sociedad chilena. En su condición de artista ¿Qué reflexión le nació de todo eso?
- (Se toma 1 minuto para responder)… Es muy difícil hablar de una situación que no conoces y hablar generalmente, sobre todo siendo que yo cuestiono mucho la información que veo en la televisión. Hay una situación donde tú ves una manifestación donde que pasa el camión lanzando agua, tirando gases. Lo ves, pero no entiendes. Creo que esto que está pasando ahora parece una tregua, una pausa, pero tengo mucha esperanza en este movimiento, hay que apoyarlo y saber que si los jóvenes salen a la calle las cosas cambiaran. Son los jóvenes los que cambiarán el futuro. Por ejemplo, en Francia y en Europa la juventud, nuestros hijos, no tienen esa conciencia política por el momento. Quizás porque todavía no hemos tocado fondo, pero yo pasé por Valparaíso y vi escrito en la pared “Si cortas la educación, quemaremos la razón”. Eso es muy fuerte. Es extremo, pero puedo imaginar la determinación.

-Se puede sentir.
-Sí, la educación es todo. Todos, en un momento determinado, toman su lugar en la educación. Es una pelea sin fin. Después podemos preguntarnos ¿Qué es lo que se enseña a los niños? No hay que dejar de preguntárselo, pero la primera cosa es que el joven, niño o niña, tiene derecho a la educación, a saber leer y contar. Yo creo que es una lucha muy importante, no sólo para Chile, porque hay un tema universal que es la educación y el hombre no pueden vivir sin esas condiciones.

“Los Náufragos de la Loca Esperanza”

Centro Cultural Estación Mapocho
18, 19, 20, 21, 22 y 23 de enero
Martes a sábado 19:00. Domingo 17 horas.