Día Nacional del Teatro 2019

El Día del Teatro nos pertenece a todos. A lo largo de todo Chile hoy se celebra este día que pone en valor un arte, tan antiguo como fundamental, en el desarrollo de nuestras sociedades. Por que es imposible concebir, por ejemplo, el desarrollo de la cultura clásica grecolatina sin el rol de la tragedia y la comedia, o pensar en la expansión del cristianismo en el medievo sin la función del teatro autosacramental. Tampoco es posible entender a las culturas originarias en nuestro continente sin el rol ritual de la mimesis, ese esfuerzo por hacerse de las fuerzas de la naturaleza por medio de la imitación de sus características. Aún más difícil sería interpretar la cultura popular sin las cualidades performáticas de los celebrantes en los carnavales y festividades pagano religiosos. La representación viva, el encuentro del artista o celebrante, con un espectador ávido de historias o de deseo de ofrendarse a lo divino, forman parte indisoluble de lo que somos constitutivamente como sociedades modernas híbridas y a medio camino siempre entre lo trascendente y lo terrenal. Sin embargo, en estos últimos decenios la consolidación del cine y la televisión y la radical disrupción de las plataformas digitales, han puesto en jaque estas dialécticas performer/espectador, actor, actriz/público, celebrante/oferentes.

Vivimos un época mediatizada por pantallas, en que la experiencia del encuentro vivo con otros, se ve acrecentadamente reemplazada por una soledad acompañada, apenas un reflejo de lo que queremos ser y significar, confirmado por “Me Gusta(s)” y estandarizados comentarios en redes sociales, de aprobación o desaprobación. La representación, la sociabilización en su acepción material —espiritual también—, pero mediada por el vínculo directo, afectivo y sensorial, está en crisis. El encuentro entre las personas está en crisis. El erotismo está en crisis. La empatía está en crisis. Y, por cierto, el teatro está en crisis. Pero como todos hemos asistido alguna vez a algún texto o charla motivacional, o nos ha llegado por WhatsApp alguna lámina con frases de autoayuda, sabemos bien que en toda crisis, también, hay una oportunidad. Andrés Pérez vio esta oportunidad. En plena transición democrática y aún con las heridas sangrantes de una dictadura criminal, Andrés supo convocar a los chilenos en torno a una historia de amor y marginalidad. Pero no de una marginalidad quejumbrosa y pesimista, sino de una marginalidad contracultural luminosa, en dónde podía surgir un intenso y apasionado amor romántico, profundas relaciones de amistad, y por sobre todo, un ambiente (un prostíbulo) en dónde cabían todas las razas, todas las clases, todas las identidades de género y todas las miserias y luces que forman parte de lo humano.

El Día del Teatro es una conquista de la sociedad civil como la gran mayoría de las grandes conquistas civilizatorias. A instancias de Rosa Ramírez y su Gran Circo Teatro, diversos grupos y personas (allá por el 2000), insistimos año a año, contra viento y marea, por realizar un carnaval teatral en la Alameda que conmemorara el natalicio del gran Andrés Pérez. Años después y con la tenacidad de Rosa, este día se convirtió en una instancia nacional oficial.

Hoy nuestra sociedad avanza, con enormes dificultades y aunque, a ratos, con dolorosos retrocesos, podemos decir que las condiciones de vida generales mejoran. Queda muchísimo por hacer. Tenemos brechas de desigualdad que de no acortarse drástica y urgentemente, generarán tensiones que volverán cada día mas áspera y amenazante la convivencia social. Pero también nos acecha otro gran peligro: vaciarnos de sentido. El aumento progresivo de las enfermedades mentales, la loca velocidad con la que estamos viviendo, la falta de tiempo de sano ocio, vida familiar y cultivo de la amistad y las relaciones humanas, nos están haciendo caer en un peligroso estado de vacuidad. Vivimos en una era obsesionada por la producción, las metas y las cifras. El arte en este contexto, queda desplazado a un lugar de peligrosa marginalidad. Sin embargo, si las sociedades prescinden de él, si no fomentan su producción, sino acogen y cuidan a sus creadores y cultores, están condenándose al sin sentido, a la violencia material de lo literal, a vivir el presente con la poesía al servicio de la publicidad, con las emociones al servicio del marketing corporativo, con la ficción como mecanismo de evasión y no de introspección. El teatro nos hace mejores por que nos hace más humanos.  Y parafraseando a Gabriela Mistral: cuánta humanidad nos hace falta a los seres humanos.

Por todo lo anterior es que hoy se hace más urgente que nunca que el Estado —esa abstracción y ese lugar material que nos pertenece a todos—, asuma un rol fundamental en la promoción del desarrollo de las artes y particularmente del teatro. Vivimos un momento clave de implementación del tan anhelado Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio: el resultado de una lucha de años en la que nuestro gremio cumplió un rol fundamental. Cómo no nombrar a tres colegas que han ocupado el cargo de ministro de las culturas: Paulina Urrutia, Luciano Cruz-Coke y Ernesto Ottone. Además de Claudia Barattini, mujer comprometida con el desarrollo del teatro. Nuestro gremio y nuestro sindicato tienen la obligación (¡y deseamos!) ser parte de este proceso. Pero para eso necesitamos que el Ministerio se allane no solo a escucharnos —voluntad permanente del Subsecretario Juan Carlos Silva que reconocemos y valoramos—, sino, a dejarse modificar por las propuestas, necesidades y demandas de nuestro sector. Tenemos 52 años de historia, somos la organización de la sociedad civil del sector cultura más antigua y representativa y debemos ser parte. Nos lo merecemos.

No podemos dejar fuera de estas palabras una mención a la enorme crisis de laborabilidad que viven actrices, actores y trabajadores del teatro. Los cambios en la industria de la TV y la publicidad, el aumento significativo de profesionales, la constricción del mercado laboral de profesores de teatro luego del desregulado aumento y posterior cierre de escuelas de teatro profesionales, hacen que vivamos momentos duros. Aquí día a día lidiamos con la precariedad a la que se ven enfrentados tantos y tantas colegas. El ámbito artístico se suele abordar desde la puesta en valor de la obra y se posterga la discusión sobre las condiciones de producción de estas. Necesitamos que este Ministerio, y particularmente su máxima autoridad, la Ministra Consuelo Valdés, aborde definitivamente el problema de precarización y cesantía que golpea al mundo del teatro. Es imperioso. A su vez, le transmitimos una vez más, que el problema de la cultura, las artes y el patrimonio no es sólo gestión, sino que es fundamentalmente un problema de recursos. Hoy Chile aporta apenas un 0,4 % del gasto público a cultura, necesitamos avanzar decididamente a otros registros. La Unesco sugiere un 2%, mismo valor promedio de los países de la OCDE con los que nos gusta tanto compararnos. Se necesita más dinero público para cultura y no nos cansaremos de decirlo.

Hoy es un día de doble festejo, por que junto con celebrar el día del teatro, festejamos que contamos con gente tan maravillosa como Gabriela Medina y María Elena Duvauchelle, que, además de ser dos enormes actrices y artistas, han sido comprometidas dirigentas de este sindicato, su sindicato, nuestro amado Sidarte.

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